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La Boda de Joan & Laura

​Tanto Laura como Joan tienen una personalidad arrolladora. Son de esas personas a las que es inevitable cogerles un cariño especial. Laura es la dulzura personificada. Es amable, educada, servicial... ¡Oye, que yo creo que es imposible sacarle un defecto a esta chica!

Pero, ojo, que Joan no os engañe, porque bajo esa apariencia de chico duro y esos ojazos de infarto, se esconde una persona de 10, de los pies a la cabeza. De esas personas que son muy difíciles de encontrar porque, por desgracia, ya quedan muy pocas.

Creo que pasará el tiempo y seguiré acordándome de la primera vez que los vi. Joan miraba a Laura embobado y Laura estaba locamente enamorada de Joan. ¡Esas cosas se notan, señores! Y sus sentimientos eran entonces y ahora tan puros y sinceros, que nos quedamos prendados de ellos en seguida.

Pero, paremos, porque quien me conoce sabe que soy una sentimental y ahora mismo corremos el riesgo de seguir y ponernos a llorar todos de la 'emosión'. Así que hablemos de la Boda, porque tengo muuuchas cosas que contar sobre ella:

Está claro que la manera en la que te tomes los obstáculos a los que te depara la vida, es determinante para el desarrollo de tu boda. Y sino que se lo digan ellos. Porque pese a todas las contradicciones que se fueron presentando en su Gran Día (que fueron varias), supieron sacarle el lado positivo a cada situación y os prometo que es digno de admirar, porque yo en su lugar hubiese actuado muy diferente...

Pero, entre toda la serie de catastróficas desdichas, debo destacar una. Y yo sé que ellos ya saben a cuál me refiero. Así que, chicos, por favor, no me matéis pero necesito contarlo, cual agua de mayo.

Acabó la ceremonia - por cierto, un enlace en el que no faltaron unos preciosos votos por parte de ambos en los que una servidora, como cabía esperar, se emocionó - y mientras los invitados se dirigían al restaurante para su buen merecido pica-pica, nosotros nos dispusimos a trasladarnos al Parque de Torreblanca, un lugar muy especial para ellos y en el que hicimos su reportaje de Bodas (no os preocupéis, os lo dejo más abajo). El caso es que, al parecer, un par de minutos antes de nuestra llegada, sonó la alarma de cierre. Obviamente, nosotros al llegar después, no la escuchamos. Así que entramos y 'de tranquis' seguimos con el buen rollo - y sin una alarmante prisa - haciendo el reportaje. Nuestra sorpresa viene cuando nos dirigimos a la puerta y... ¡Voilà! Está cerrada. Ante esta situación, ¿qué hubieseis hecho? ¡Yo ponerme de los nervios! Pues Joan y Laura - y los tíos de Laura, que por cierto fueron un encanto -, se lo tomaron en clave de humor. Después de que Joan (por que sí, el fue el único valiente que se atrevió a recorrerse todo el parque a paso ligero) comprobara que en efecto nos habíamos quedado encerrados dentro del parque, aprovechamos la espera mientras la Guardia Urbana venía a rescatarnos e hicimos algún que otro vídeo y foto para la posteridad. La estampa era bastante curiosa. Imaginaos las caras de todas aquellas personas que preocupadas al ver a los novios tras las rejas el parque, se acercaban a preguntarnos que si estábamos encerrados y se ofrecían a llamar a la urbana. ¡Vaya panorama!

Pero bueno, tras esperar unos buenos cuarenta minutazos, la anécdota por fin llegó a su fin y llegamos al restaurante. ¡Con ello empezaba lo bueno! La verdad es que fue un puntazo que el restaurante les guardase parte del pica-pica para ellos, ya que pasó un largo rato desde que sus invitados llegaron y luego aparecimos nosotros.

Joan y Laura tuvieron un gusto exquisito con la comida por que la verdad estaba todo riquísimo. Y cuando vi el Candy Bar que habían preparado con la fuente de chocolate y fruta, sentí que ya podía morir en paz. ¡Dios mío bendito!

En el restaurante todo se convirtió en una velada idílica, en la que nos sentimos súper arropados por sus familiares y amigos; y en la que se vivieron momentos muy emotivos. Pero esa parte, les pertenece sólo a los novios.

A parte, ambos se marcaron un 'ritmillo' con un mashup muy chulo que utilizaron para su baile, en el que gran parte de sus invitados acabaron participando y disfrutaron muchísimo.

En definitiva, una boda que pese a que no saliera tal y como lo planearon en su inicio, al final creo que incluso fue mejor ya que, como siempre digo, si la vida te da limones, y con ellos haces limonada, nunca tendrás sed.

Sólo me queda agradecerles enormemente a Joan y Laura lo bien que se portaron con nosotros de principio a fin. Son verdaderamente geniales y para nosotros ha sido un verdadero placer, no sólo participar con ellos en el día de su Boda, sino mejor aún, ha sido conocerlos.

Sólo me queda decir una cosa... ¡Que vivan los novios!

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